©2018 Brendaliz Figueroa Guzmán

Abuela salió del ”home” hace un mes. Para ella, todo un alivo y gran alegría, aunque eso haya implicado cambios y ajustes para otros. Por ejemplo, mis hijos y yo estábamos acostumbrados a visitarla al “home”. Yo iba todos los días. Ellos me acompañaron bastantes veces.

Saber que estaba “sola”, fuera de su entorno y con desconocidos, sin ver a abuelo a diario, me provocaba angustia y lástima, así es que le llevé fotos familiares, libros, revistas, meriendas, frutas, flores…you name it!

Para ubicarla un poco…

Hubo un día en el que casi decidí no volver. Llegué y a los tres segundos me pidió llorando: “Brendaliz, sácame de aquí, por favor, llévame, te lo pido, nadie se va a dar cuenta, llévame”. Maldito sea ese momento. A mis treintaytantos, fue la primera vez que vi a abuela llorar. Y espero que haya sido la última. ¿Cómo repetirle a una anciana con Alzheimer que no me la podía llevar, que por más que quisiera no podía llevarla a su casa todavía, que debía terminar las terapias para recuperarse de su caída, fractura y operación de cadera? Pude habérselo explicado cien veces, y ella no iba a entender. Entre su condición y no querer entenderlo, no lo iba a lograr. Le dije “si te vas a poner con esto cada vez que venga, pues voy a tener que dejar de venir”. Se aferró a mí, desde su silla de ruedas, e insistía “llévame, Brendaliz, por favor”.

Hice las inhalaciones y exhalaciones de aire más profundas de mi vida…y lo dejé así. No le dije más nada. La acompañé un rato, y luego me fui. Caminé con tanto dolor en mi alma, que no quiero ni recordarlo.

Poco tiempo después de eso, mi hijo no se mostró muy feliz de ir a visitar a abuela al “home”. Le dije que iríamos como quiera, y fuimos. Allí se portó normal, y cuando salimos, se fue llorando y diciendo que no quería volver, que él quisiera verla y visitarla pero en su casa, no en “ese lugar”, que quería comer de la comida rica que ella preparaba. Lloró hasta quedar sin aire. Fue la última vez que lo llevé, no porque él ni yo lo hubiésemos decidido, sino porque luego abuela salió del “home” y fue a su casa.

En retrospectiva, fueron meses horribles para abuela, a quien la vida no ha podido darle peor castigo que perder la memoria y la lucidez, pero mis hijos demostraron mucha paciencia, tolerancia, empatía y cariño, no tan solo con ella, sino con muchos otros viejos del “home”. Siento esa única satisfacción de todo este proceso.

 

 

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  1. Entre las cosas mas difíciles de estar a la distancia, está el notar el deterioro de tus seres queridos. Una de mis abuelas tiene Alzheimer y ya esta en un hogar de forma permanente (luego de q falleciera mi abuelo). Cada vez q la veo no puedo evitar el llorar y aunque no me conoce ya, me encanta verla. La última vez q la vi le monté tremendo monólogo. Ella no dijo ni ji sin embargo cuando le le dije: ya me voy abuela me pregunta: ¿por qué? Ahi si q me puse a llorar un río. No es fácil asi q me alegra saber q tu abuela ca devuelta al entorno q conoce. Eso siempre es bueno para ellos.

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    • Entiendo perfectamente el sentimiento. El día que ya no me reconozca me dará algo…pero ni modo. No me quiero adelantar a los hechos. Ella contenta en su entorno…que se lo disfrute mientras pueda.

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