© 2019 Brendaliz Figueroa Guzmán

Si estás esperando algo sobre la poesía negroide con el mismo título, puedes parar de leer desde ahora.

Detrás de estos barrotes está mi abuela. Sus capacidades no son las de antes; su memoria ya no está. Pero eso a mí no me importa. Conmigo ella siempre contará.

Es mi abuela, punto y se acabó.  Voy todas las semanas con la ilusión estúpida de volver a hablar con la abuela que era, pero cada vez que me aparezco y la encuentro con la mirada perdida, me choco una vez más con la realidad de que “esto es lo que hay” y me reafirmo en que hay que honrar en vida.

“Ay, qué bueno que llegaste. Viniste justo a tiempo”, me dijo ayer.

“¿Ajá? ¿A tiempo para qué?, cuéntame.”

“Pues para hablar, nena”, me contestó.

“Ah, pues qué bueno, hablemos, dale”.

No sabe quién soy; me dice que soy su hija (mi madre, con nombre y todo). Me pregunta por mis sobrinos, que no tengo. Le recuerdo quiénes son mis hijos, sus bisnietos.

“Soy tu nieta, dime cuál soy”, le digo, esperando algún nombre a lo loco.

Con una seguridad impresionante, me dijo: “Eres la tercera”. Whaaattt? Es cierto. La pegó. “Woo hoo, esa misma soy yo; la tercera”. Hicimos “high five”. Ella se ríe, aunque  a los dos segundos no sabe de qué se está riendo.

Hablar con ella es como hablar con una loca. Supongo que cuando yo tenía 3 y 4 años ella pensaba que la loca era yo. Le pongo crema, le pinto las uñas, igual que seguro ella me las pintó a mí sabrá Dios cuántas veces.

Me dijo que le estaba raro que abuelo no hubiese ido a verla. Lo que ella no sabe es que abuelo falleció. A veces pienso que no saberlo y no poder recordar es mejor; pero muchas otras veces me cago en to’.

Ayer fui a verla sin los nenes, que por cosas de la vida no estaban conmigo, y al despedirme le dije “me tengo que ir, porque tengo que buscar a los nenes. Ya cuando los tenga se habrá acabado la hora de visita”. Me dijo “ah, ya salen del colegio ese que está aquí al lado”. Le dije que sí. ¿Para qué le voy a explicar que es día feriado, de acción de gracias, etc? Me ofreció almuerzo aunque admitió no recordar qué había cocinado. Le dije que no se preocupara, que yo ya había almorzado.

Bueno, a lo que iba… Abuela nunca me falló. Graduaciones, cumpleaños, boda, nacimientos, bautismos, bailes, confirmaciones, comuniones. Cualquier “peo” bien tira’o era motivo de orgullo para ella. ¿Cómo la voy a dejar tirada en el ocaso de su vida? Jamás. Ella olvida, pero yo no.

Ayer no tuve un almuerzo en una mesa larga, con manteles, oraciones, candelabros, copas, servilletas de tela ni vajilla fina, con un pavo rechoncho y relleno en el centro, ni rodeada de muchas personas, pero estuve con abuela, aunque fuera confinada detrás de sus barrotes.

Ahora te pregunto, y tu abuela, ¿aónde ejtá?

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  1. Asi me pasa con mis abuelas. Ahh añoro esas conversaciones q soliamos tener y cuando las visito es casi como tener un monólogo pero no importa, pq si tienen algun momento de licodez quiero q sepa que ahi estaba yo.

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  2. Hermoso Brenda! Me sacaste las lágrimas y me hiciste recordar a mi papá con quien viví exactamente lo mismo. Admiro tu fortaleza porque sé que no es fácil. Casualmente hoy mi querida Abuela (qepd) hubiese cumplido 104 años. Cuando llegó el momento de decir de adiós, lo hice con mucho amor y tranquilidad porque estuve con ella así como estás tú ahora con la tuya. Es difícil, pero ellos nos cuidaron cuando los necesitamos y ahora ella te necesita. Mis oraciones están contigo y tu familia, un abrazo grande!

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    • Gracias, Arlene. Este escrito ha provocado lágrimas y buenos recuerdos. Eso me alegra. Gracias por tus palabras.

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  3. Bello! Es que aunque parece que no están, ahí están! Muchas personas olvidan las cosas realmente importantes de la vida, lamentablemente también olvidan a sus viejitos. Eres una excelente nieta! Abrazos!!!

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